CUBA, ¿CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA?

Con la renuncia de Fidel Castro como Jefe del Consejo de Estado de Cuba en 2008 y el traspaso del mando a su hermano Raúl Castro, se ha iniciado un proceso de tímida apertura económica que no va acorde con una progresiva transición hacia una democracia liberal en la isla. Medidas como la reforma migratoria, la limitación de mandatos políticos, el cuentapropismo, la reducción de plantillas estatales, la compra y venta de casas y vehículos, la ley tributaria, entre otras, responde a un intento desesperado por capear una situación de profunda crisis económica, que al interés del partido único de facilitar la transición hacia un sistema político democrático. Tampoco el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba el pasado mes de julio ha ido acompañado de un progresivo desbloqueo económico por parte de la Administración Obama, que permitiera a los cubanos encaminarse hacia la prosperidad.

A tenor del momento de transición histórico que parece estar viviendo Cuba ante los hechos descritos anteriormente, y para intentar determinar en qué grado los cubanos pueden encaminarse hacia una transición democrática, empezaré por analizar las posibilidades existentes según los indicadores previos a la democracia que detallan Przeworski, Álvarez, Cheibub y Limongi (1996). Éstos son la existencia en el país pre-democrático de: democracia, prosperidad, crecimiento con inflación moderada, desigualdad en decrecimiento, instituciones parlamentarias y un clima favorable internacional (Przeworski, Álvarez, Cheibub y Limongi, 1996:89).

Los dos principales indicadores utilizados en el ámbito académico para determinar el grado de implantación de la democracia en las sociedades señalan que Cuba es un país donde se hace patente la ausencia de la democracia. Freedom House considera al régimen que gobierna a los cubanos con puño de hierro desde hace 56 años como “no democrático” (con una puntuación de 6.5). Por su parte, el segundo indicador, el Polity IV, apunta más fino. Si antes de la “revolución socialista” emprendida por Castro en 1959, Cuba era considerada como “una democracia parcial” (con una puntuación de 3), a partir de 1962 y hasta la actualidad, el indicador la declara como “dictadura” (con una puntuación de -7). Así pues parece evidente que el régimen castrista, desde el punto de vista de los indicadores, no cumple con la primera condición de Przeworski y el resto de autores.

Veamos pues el tipo de instituciones que han definido el castrismo y que continúan vigentes en la isla. El régimen instaurado por Fidel Castro inmediatamente después de la toma de La Habana en 1959 se caracterizó por purgas, juicios públicos con tribunales populares repletos de analfabetos sedientos de sangre, de palizas, torturas y fusilamientos. En el período que va de 1959 a 1961 se empiezan a fortalecer las asociaciones de masas como la Central de Trabajadores Cubanos (CTC), o la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) o la Federación de Mujeres Cubanas). La mayoría de ellas acaban integrándose en el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), el cual terminó por adoptar el nombre de Partido Comunista de Cuba (1965). Es a partir de este partido único, -el resto fueron totalmente prohibidos-, a través del cual Castro articula un nuevo sistema político-administrativo que gira en torno a su persona y a la revolución socialista.

A principios de la década de los 70 se inicia la institucionalización. Primero con la aprobación de la nueva Constitución de la República que determina en su primer artículo que Cuba es un estado socialista de trabajadores. En el segundo, se dice que la soberanía reside en el pueblo del cuál emana todo el poder del Estado, un poder que es ejercido por las asambleas del Poder Popular. En el artículo 69, la Constitución determina que es la Asamblea Nacional del Poder Popular el órgano supremo del poder del Estado. En el 89 se detalla que el Consejo de Estado es el órgano de la Asamblea Nacional del Poder Popular que ejecuta los acuerdos de la asamblea y cumple otras funciones que vienen determinadas por la constitución. En el 95, se refiere al Consejo de Ministros como el máximo órgano ejecutivo y administrativo y que constituye el gobierno de la república. Y finalmente en el 101, se atribuyen las funciones de seguridad al Consejo de Defensa Nacional.

Éste sería, a grandes trazos, el conjunto de instituciones políticas que rigen el estado Cubano. Un sistema político en donde existe un único partido político, en donde el resto de sensibilidades políticas están prohibidas, cuando no perseguidas y reprimidas, y en donde el papel, primero de Fidel Castro, presidente del Consejo de Estado hasta su retirada en 2008, y ahora, el de su hermano Raúl Castro, han dominado todos los ámbitos del poder. No existe una división de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Un régimen que se perpetúa al modo de las monarquías, por sucesión o parentesco. Toda expresión política queda canalizada por el Partido Comunista Cubano. No existen de facto instituciones democráticas ni pre-democráticas, porque aunque sea común referirse a la Asamblea Nacional como Parlamento, no deja de tratarse de un parlamento orgánico. Un órgano que que no se elige por sufragio universal en plena competencia política en donde varios partidos pueden acceder al poder y en donde tampoco existe una incertidumbre real sobre el resultado de las elecciones. El castrismo rechaza los principios liberales, el parlamentarismo y los partidos políticos.

En la actualidad, según datos de 2009 de la Comisión Cubana para los Derechos Humanos existen tres millones de exiliados cubanos en el extranjero, que representan el 27% de la población total. La mayoría, el 79,3% de los cubanos viven en EEUU. España es el segundo país donde residen más cubanos, un 7.1% de los exiliados. Según datos actualizados las cifras de personas detenidas temporalmente o procesadas por motivos políticos desde enero de 2010 hasta 2013 (datos disponibles) han sido de: 2.074 personas (2010), 4.123 (2011) y 6.602 (2013). En 2003 habían sido condenados 75 disidentes a 20 años de prisión bajo la llamada “Licencia Extra-Penal”. Hasta la fecha, el gobierno Cubano no acepta la cooperación sin reservas de la Cruz Roja Internacional ni de otras ONGs en materia de derechos humanos. Así pues, debido a unas instituciones políticas no democráticas, a inexistente sistema de partidos y a la penosa situación que viven los disidentes políticos, parece obvio acertar en decir que tampoco cumple con esta condición expresada por Przeworski y el resto de autores.

En cuanto a la situación económica veamos una comparativa entre los años previos a la revolución y el castrismo. En 1953 Eugene Staley realizó una investigación (The Future of Undeveloped Countries, Harper, Nueva York, 1954) para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU donde clasificó Cuba entre los 31 países más desarrollados del mundo.  En el mismo año los ingresos nacionales per cápita de Cuba eran de 325 dólares, cifras superiores a los de países europeos como Austria, España o Portugal (Charles P. Kindleborgen, Economic Develompent, Mc Graw-Hill, 1958). Algunos años antes, en 1949 la producción industrial representaba el 15% de los ingresos nacionales, mientras que en 1958, un año antes de la toma del poder de Fidel Castro, se aumentó en un 25% la inversión extranjera, lo que supuso 462,4 millones de dólares en la industria no azucarera. También en 1958, Cuba tenía seis millones de habitantes y atesoraba un PIB per cápita de 374 dólares según el Atlas of Economic Development (1961 de Norton Ginsbury o de 520 dólares según otros autores (H.T Oshima, Felipe Pazas, José F. Álvarez Díaz).

El año antes del asalto a La Habana por parte de los “barbudos de Sierra Maestra”, Cuba producía el 80% de los alimentos que consumía y era el principal abastecedor de vegetales de EEUU. Un capítulo a parte se merece la industria azucarera, principal monocultivo y fuente de riqueza del país, sobretodo durante la primera mitad del siglo XX. Si durante la I Guerra Mundial, durante lo que se conoció como “la Danza de los millones”, los precios del azúcar se dispararon y Cuba en 1919 produjo 4 millones de toneladas (el 26,09% del total mundial), con la política azucarera del dictador Batista, sus ingresos para la economía nacional en 1952 -según el Banco Nacional de Cuba- ascendían a los 623 millones de pesos. Así pues, y a pesar de que desde el fin del dominio español en 1902, la isla había sufrido una gran inestabilidad política con la sucesión de varias dictaduras y de otros tantos golpes de estado, una cierta prosperidad económica se hacía patente. En parte por la gran cantidad de intereses norteamericanos en Cuba que hacía posible una gran fluidez de crédito.

Con la llegada del castrismo al poder y la casi inmediata instauración del bloqueo económico impuesto por EEUU a partir de 1962 (y que actualmente continúa vigente) los datos económicos registrados parecen darle un llamativo suspenso al régimen. Los siguientes datos que aporto al artículo provienen de fuentes como: varios anuarios de la Oficina de Estadística de Cuba (ONE, datos entre 2006-2010), el Centro de Estudios Europeos, el CEE con sede en La Habana, y de los estudios realizados por la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL, 2006-2009). En las más de cinco décadas de castrismo en la isla, los cubanos han sufrido varias crisis económicas. Una de las más recordadas es la que llevó por nombre como “Etapa Especial” (1993-94). Se producjo durante en la década de los 90 del siglo pasado y fue motivada por el derrumbamiento del modelo socialista de la URSS quien, entre 1960 y 1990, envío a la isla en forma de donaciones o subsidios de precios 65.000 millones de dólares (sobretodo inflando el precio del azúcar muy por encima al del precio de mercado). Aunque en los últimos años, varias son las razones por las cuales se puede afirmar que Cuba sufre una nueva crisis económica de gran intensidad. Por un lado el ineficiente sistema económico implementado en los últimos 56 años, los efectos devastadores de los huracanes de 2008, la crisis global de 2008-2010 y el deterioro de los términos de intercambio.

En 2013 el PIB per cápita cubano ascendía a los 5.680 euros, y Cuba se sitúa en la posición 89 de 196 países que aportan datos sobre su situación económica. En el mismo año, según el Eurostat el índice español marcaba los 29.863 dólares. Según el CEE la tasa del producto interior bruto se desaceleró de forma constante, en 12,5%, en 2006, y en 1.4%, en 2009. Si bien es cierto que después de la tutela soviética Cuba se sintió huérfana durante algunos años, ese papel lo tomó durante algún tiempo Venezuela a partir de 2006 y hasta 2009. En 2008 la Venezuela de Hugo Chávez se convirtió en el primer socio comercial de Cuba tomando el 27% del volumen total del comercio exterior en 2008, absorbiendo el 38% del déficit total de bienes, suministrando diariamente 97.000 barriles de crudo a un precio preferentemente inferior al del mercado mundial e invirtiendo más de 1.300 millones de dólares en varios proyectos en la isla. Aunque a partir de 2009, debido a la crisis global y a la bajada del precio del petróleo, el comercio con Venezuela cayó drásticamente un 36%.

A pesar de la ayuda, primero soviética y luego venezolana, el régimen castrista ha visto en todo este tiempo como se ha producido una caída de la producción de bienes de la minería, la industria manufacturera y de la agricultura. Entre 1989 y 2009 el índice de producción industrial cayó 55 puntos porcentuales (CEE, 1991; ONE, 2010). En 2009 la producción manufacturera disminuyó un 0,3%, la azucarera un 1,4%. Ese mismo año la producción estaba por debajo de la de 1989 en productos: fertilizantes (99%), textiles (87%), azúcar (83%), cemento (56%), acero (15%), etc. Un dato a destacar es el que hace referencia a la zafra azucarera de 2009-2010 considerada la más baja desde comienzos del siglo XX. También la producción agrícola de 2009 estaba por debajo de la de 1989. Se produjo un 66% menos en pescados y mariscos, un 59% menos en cítricos, un 47% menos en leche, un 45% menos en tabaco un 21% menos en ganado vacuno, etc. En este punto es relevante destacar un dato, en 1958 Cuba producía el 80% de los alimentos que consumía y era el principal abastecedor de vegetales de EEUU. Ahora, Cuba importa el 80% de  los alimentos que consume y EEUU es su principal abastecedor.

Para no alargar los datos económicos en demasía tan sólo quisiera destacar un par más. Debido a la caída de la producción agrícola y a la subida de los precios mundiales Cuba tubo que triplicar por tres las importaciones de alimentos entre 2002 y 2003. Pero como consecuencia de la crisis en 2009 se vio obligada a reducir un tercio esas importaciones, cosa que hizo aumentar el precio de los productos en los mercados agropecuarios. En cuanto al sector servicios (comercio y hotelería) representa el 23% del PIB y en la actualidad se encuentra estancado. Como vemos, ante una economía basada en modelos inoperantes, que tradicionalmente ha dependido de los subsidios e inyecciones, primero, del bloque político comunista soviético y, posteriormente, del socialismo chavista venezolano, que en la actualidad depende del comercio exterior, de las remesas de los cubanos exiliados, y de las inversiones y del crédito extranjero, y que, por si fuera poco, se ve ahogado por el bloque económico de EEUU, no se puede decir que cumpla con el precepto de Przeworski y el resto de autores, de prosperidad económica como pilar básico par una transición del castrismo hacia una democracia.

Tampoco en la evolución de la inflación en los últimos años y debido a la existencia de la doble moneda, el CUP (peso cubano) y el CUC (peso cubano convertible, que equivale a 24 pesos cubanos) y en la existencia de cartas de racionamiento, de un mercado negro con precios abusivos y un evidente desabastecimiento de productos de primera necesidad, se pude determinar que exista una inflación moderada. Ésta era otra de las condiciones previas para acceder a un sistema democrático que Cuba parece no cumplir.

Otro de los indicadores que proponen Przeworski y el resto de autores es observar si la desigualdad decrece. En el caso cubano he creído enormemente útil extraer algunos de los datos recogidos en el trabajo de Mayra Espina, Profesora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) de La Habana, titulado “Desigualdad y Política Social en Cuba Hoy”. Espinosa coge como punto de partida la crisis acaecida con la caída del bloque soviético y asegura que fue el punto de inflexión hacia un ensanchamiento de las desigualdades socioeconómicas, un fenómeno llamado “reestratificación social”. (Espina M. 2008: 1). A través de este efecto que se ha venido perpetuando hasta la actualidad en Cuba, Espina ha detectado varios efectos. Para empezar una recomposición de las capas medias y de la pequeña burguesía. Entendiendo por pequeña burguesía (propietarios de pequeños restaurantes, cafeterías, talleres de reparación, patrones, empleados, etc. Si en 1989, antes de la crisis y del inicio del “Período Especial”, el sector estatal de la economía concentraba únicamente el 8% de toda la ocupación, en 2006, según datos de la ONE, esta proporción alcanzaba el 21, 5%

El segundo efecto identificado es la segmentación interior de los grandes componentes socio-clasistas precedentes. Los componentes típicos de la transición socialista cubana  (la clase obrera, intelectualidad, directivos y empleados) se articulaban a partir de la propiedad estatal y tenían ingresos similares, con un estrecho margen de diferenciación. Esto, actualmente está cambiando hacia una heterogenización interior determinada por el tipo de forma de propiedad (estatal, la de economía mixta, la de capital extranjero) y por los ocupados en la economía informal, como asalariados o trabajadores autónomos. Es decir, la desigualdad se ve acentuada por la diferencia entre la ocupación derivada de los sectores tradicionales (ligados al estado) y la que viene de sectores emergentes. Estos últimos suponen ventajas materiales y crean una “fractura entre posiciones ventajosas y de desventaja en cuanto al acceso al bienestar material”. (Espina M. 2008: 3). El siguiente efecto tiene que ver con un proceso de heterogenización de los actores de la propiedad de producción agropecuaria. Como consecuencia de la crisis se emprendió un reordenamiento de la producción agropecuaria a través de la parcelación y cooperativización de las tierras estatales, de la potenciación de la pequeña propiedad, y de la introducción de mecanismos de mercado.  Esto último ha implicado la creación de nuevos grupos sociales entre cooperativistas en tierra del Estado y parceleros.

Los efectos anteriores se traducen en una diferenciación progresiva de ingresos y acceso desigual al bienestar. Mayra Espina aporta la diferencia del coeficiente de desigualdad de Gini (1 máxima desigualdad y 0 igualdad máxima) para la Cuba de finales de los 80, que era de 0,24, y el 0,38, a finales de los 90. Eso supone un proceso de concentración de ingresos. En 2005 el salario mínimo de los trabajadores cubanos rondaba los 225 pesos, pero a cambio, se había mantenido una tendencia alcista de los precios de los productos de primera necesidad. Un dato ilustrativo es el que destaca Espina cuando afirma que el 50% de los alimentos, artículos de vestuario, productos de aseo y materiales de mantenimiento de la vivienda, únicamente se satisfacen a través del mercado libre o mercado negro. Ese hecho, junto con la caída de la capacidad adquisitiva, la crisis y el aumento de los precios, hace que el mercado y los ingresos se hayan convertido en elementos de desigualdad.

Para terminar, y atendiendo a los índices de pobreza de ingresos y necesidades básicas insatisfechas se aprecia un cambio en la magnitud de la población urbana bajo esta situación. Si en 1980 se consideraba que había un 6.3% de la población en situación de pobreza, en el 2000 aumentó hasta el 20% (Ferriol, 2002). Por lo tanto, y en vista de los argumentos y datos aportados  parece que el aislamiento económico provocado por el bloqueo norteamericano, las envestidas de las crisis cíclicas y la apertura necesaria de la economía empiezan a hacer mella en la sociedad cubana, que ve como aumenta la desigualdad entre las nuevas y la viejas ocupaciones. Así pues, Cuba tampoco podría cumplir con el requisito impuesto por Przeworski y el resto de autores sobre la necesidad de un proceso de desigualdad en decrecimiento, ya que en el caso cubano parece darse el fenómeno a la inversa.

Por que se refiere a el clima internacional, el caso de Cuba es paradigmático. Porque a pesar de localizarse tan cerca de la que podríamos considerar como la democracia más vigorosa del mundo, EEUU, la realidad arroja el hecho que, es esa misma democracia la ejerce un brutal bloqueo económico desde hace más de 50 años sobre la isla. El enconamiento con el comunismo durante la guerra fría, provocó el total aislamiento de la Cuba socialista, con el que había sido su mayor socio comercial, EEUU. Dando así paso a una primera tutela económica soviética, y luego otra, desde Venezuela, que ahora, crisis global mediante y con la bajada de los precios del petróleo, parece que llega a su ocaso. Así pues, y a pesar de que el entorno inmediato (repúblicas democráticas como México o EEUU) debería fomentar la democracia en la isla, no está sucediendo. Tampoco el restablecimiento de las relaciones diplomáticas parece que contribuya a un cambio en las instituciones políticas cubanas, argumento que ha utilizado recientemente EEUU para no apoyar una nueva resolución en ese sentido, respaldada por 191 países, votada en la ONU, el pasado mes de octubre.

Una vez comprobado que Cuba no cumple con ninguna de las 6 condiciones (marcadas por Przeworski y el resto de autores) para el estado previo a uno democrático, me parece relevante analizar brevemente las implicaciones de esta afirmación a través del modelo que propone Barry R, Weingast en su artículo “The Political Foundations of Democracy and the Rule of Law (2007). Es evidente, que lejos de ponerse en juego en Cuba un equilibrio Pareto-óptimo, en el que los ciudadanos controlan los límites universales del Estado, lo que existe es una situación de no resolución satisfactoria del dilema de coordinación. O lo que es lo mismo, el modelo de equilibrio que permanece vigente en la isla es el asimétrico, en el que el Estado y los ciudadanos afines al Partido Comunista o partido único, forman una coalición en contra del resto de ciudadanos “disidentes políticos”, transgrediendo así los derechos de éstos últimos. (Barry R, 1997:251)

El problema de coordinación irresoluto en el caso cubano ha perpetuado el juego del dilema del prisionero durante más de cinco décadas en la isla, auspiciado, eso sí, por una represión feroz por parte del aparato del estado. Podrían darse varias estrategias. Ante una transgresión del estado como, por ejemplo, la prohibición de partidos políticos, una vez se asienta en el poder Fidel Castro y arranca su socialismo revolucionario, los dos grupos de ciudadanos podrían desafiarla (con muestras de descontento, manifestaciones, protestas) y tener grandes posibilidades de repelerla. O podrían ceder en ambos casos, por lo que la transgresión se perpetuaría. O como en el caso que sucede en la isla, uno de los dos grupos se coaliga con el estado a cambio de prebendas o puestos dentro de los mismos organismos de poder, sometiendo a la clase o grupo disidente. En tal caso, la transgresión se llega da dar.

En el caso cubano los tres millones de exiliados y los cerca de 6.500 detenidos por motivos políticos en Cuba en 2013, parecen una buena muestra de que tanto los cubanos en la isla (con muchos más impedimento) pero también los exiliados (la mayoría en Miami) todavía no han conseguido resolver su dilema de coordinación. Pareciera que el actual momento de apertura y reformas económicas y restablecimiento de las relaciones democráticas debiera ser aprovechado para cambiar el tipo de equilibrio y determinar un consenso sobre los límites legítimos del estado.

Para un establecimiento de la democracia y su posterior consolidación todavía queda una enorme, por no decir, una casi imposible tarea por realizar. Ésta no sólo implica una radical transformación de las instituciones -que ya hemos visto que continúan formando parte, la mayoría, de un sistema de representación orgánica, basado en elecciones sin competencia política y donde no existe alternancia en el poder-, sino también en el tipo de valores ciudadanos, su comportamiento y el de las élites. Pareciera ahora el momento de llegar a un nuevo pacto entre las élites cubanas que, después de casi seis décadas de castrismo, ahora se deberían replantear un nuevo modelo de prosperidad económica junto con el advenimiento de un sistema de gobierno democrático. Un pacto parecido al de la transición española con el que se pasó del régimen franquista a una democracia parlamentaria. Un pacto, que Barry R. avisa, debe auto-regularse es decir, que sus participantes deben resolver sus dilemas de coordinación sobre la naturaleza del nuevo estado que se ha de construir. Las élites, lejos de formar parte del equilibrio asimétrico, deberían castigar a aquellos que buscaran romper unilateralmente el nuevo pacto hacia la democracia.

Llegados a este punto, Carles Boix en su artículo “Roots of Democracy (2003)”  parece dar en el clavo cuando expone las dos herramientas que los países democráticos disponen para hacer crecer y potenciar el proceso democrático en terceros países. Por un lado, la ayuda exterior a cambio de instituciones que protejan el derecho a la propiedad y potencien la inversión, y por el otro, el mantenimiento de un mercado libre y políticas liberales de inmigración hacia productores y trabajadores del tercer mundo para que tengan acceso a los mercados del norte. (Boix, 2003: 19) Parece que ninguna de estas dos herramientas esta siendo puesta en marcha por la democracia por antonomasia, EEUU. Al contrario, el mantenimiento del bloqueo comercial y económico norteamericano impuesto en Cuba impide que se produzcan en la isla inversiones extranjeras de forma normal y que exista un libre mercado.

Yendo a las “raíces” -como precisamente se titula el artículo de Boix- de la situación política y administrativa cubana, podemos establecer similitudes entre la realidad cubana en los años pre-revolución socialista, y los modelos que propone este autor más propensos al conflicto socio-político. Boix establece que una excesiva desigualdad económica, particularmente en países agrarios y naciones ricas en recursos naturales, exacerba el conflicto político y social al punto de hacer imposible el advenimiento de la democracia (Boix, 2003: 4). En esa tesitura, Boix establece que existe una sociedad desigual en donde una mayoría resentida por su condición perjudicial alberga la esperanza de que las elecciones cambien su situación. En cambio una minoría rica teme el resultado que se pude obtener de elecciones libres y la reivindicación de la regla de la mayoría. Es por eso, apunta el autor, las instituciones autoritarias toman el poder para garantizar sus privilegios sociales y económicos.

Traspasando este modelo que nos ofrece Boix, a la realidad cubana pre-revolucionaria podemos establecer varios paralelismos (que por otra parte se muestran comunes en una gran cantidad de países latinoamericanos). Por un lado, el golpe de estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 que pone punto y final al gobierno del presidente Carlos Prío Socarrás, por cierto, con el beneplácito de los EEUU. Como fuente predominante de riqueza, Cuba representaba el principal productor y exportador de azúcar a nivel mundial. Una fuente de riqueza que, tal y como define Boix, pertenece al tipo de recursos “no móviles” (es decir, no se pueden trasladar los campos de caña a otros países, como sí se pueden transferir los beneficios industriales a cuentas en el extranjero). El hecho de que la riqueza natural Cubana singularizada en la caña de azúcar no sea movible motiva según Boix, que la minoría rica y propietaria tienda a controlar el estado, reprimir a la oposición y poner todo tipo de barreras para evitar el ejercicio de las elecciones libres. Así pues, Batista se erigió como representante de los grandes terratenientes y como socio leal de los EEUU, en una dictadura despiadada (1952-1958).

Si el establecimiento de una dictadura ya puede considerarse un episodio convulso de por sí, los dos intentos previos de toma del poder de Fidel Castro, y el tercero exitoso desde Sierra Maestra, constituyen el espíritu que Boix detalla como el de la mayoría que se siente agraviada y que pretende revertir la situación. En este caso, a través de la violencia, y por la fuerza de las armas. Como recuerda Boix, “la violencia es usada de forma común en aquellos estados en donde existe una gran situación de desigualdad y donde la riqueza es inmóvil”. (Boix, 2003: 9) A la vista de lo anterior Cuba muy bien podría encuadrarse en el listado de aquellos países en los que por su marcado grado de desigualdad y su riqueza natural, es difícil la instauración de un sistema democrático

Es más, el advenimiento del socialismo revolucionario castrista no incorporó instituciones democráticas sino una transformación basada en la revolución y el personalismo del líder, Fidel Castro. Después de casi seis décadas de aplicación de un modelo único en el mundo, parece que Cuba tampoco cumple los requisitos que Boix determina para el reemplazo de un régimen autoritario por una democracia. Éstos son: la existencia de un largo proceso de desarrollo económico, un reparto de la riqueza en la sociedad, un proceso de igualación de las condiciones económicas, y una continua erosión de los regímenes autoritarios. Creo que queda suficientemente acreditado que la Cuba actual no cumple dichos requisitos. Así pues el autor advierte que en ausencia de modernización económica, el cambio social y político sólo viene de la mano de un episodio de mucha violencia, de una intervención militar.  (Boix, 2003:19) Algo que parece no estar produciéndose, tampoco incluso a nivel embrionario, dado el todavía férreo control del régimen.

Así pues, la transición del régimen castrista a una democracia en Cuba- y ya no digamos su consolidación en el tiempo- tiene demasiados obstáculos de naturaleza económica, de desigualdad socio-económica, de instituciones políticas no democráticas, de un clima poco favorable en el extranjero. Dicha transición también acusa un claro problema de coordinación ciudadana resuelto insatisfactoriamente, y viene determinada por unas débiles raíces democráticas, boicoteadas, a su vez, por recurrentes golpes de estado en la primera mitad del siglo XX, herederos del proceso colonizador. Sin duda Estados Unidos puede  y debe jugar un papel importante como democracia potente que puede fomentar el proceso democratizador en la isla, en los próximos años. También la situación global de post-crisis económica, a bien seguro, se convertirá un elemento importante a tener en cuenta en el proceso  de modernización y de prosperidad económica, que siempre precede a una transición democrática.

Bibliografía referenciada:

Adam Przeworski, Michael Alvarez, José Antonio Cheibub, Fernando Limongi (1996). “Las condiciones económicas e institucionales de la durabilidad de las democracias.” A: La Política (núm., 2, pag. 89-108). Buenos Aires: Paidós.

Barry R. Weingast (1997). “The Political Foundations of Democracy and the Rule of Law”. American Political Science Review (núm. 2, vol. 91, pàg. 245-263).

Carles Boix (2003). “Roots of Democracy”. Policy Review February & March 2006. Una alternativa es llegir els capitols: Carles Boix (2003). “Introduction” i “A Theory of Political Transitions”. Democracy and Redistribution (pág. 1-18 i 19-59). Cambridge: Cambridge University Press.

Espinosa, Mayra Prieto (2008).  Desigualdad y política social en Cuba hoy. Conference “The Future of Social Justice in Cuba” Bellagio Conference Center May 27-29, 2008. Panel “Social Justice in Cuba: Assessment of Current Situation”.

Ferriol, Ángela, (2002). “Explorando nuevas estrategias para reducir la pobreza en el actual contexto internacional” (La Habana, ponencia presentada al Seminario Internacional Estrategias de reducción de la pobreza en el caribe. Los actores externos y su impacto, CLACSO-CROP).

http://focal.ca/pdf/cuba_Espina%20Prieto_desigualdad%20politica%20social%20Cuba%20hoy_May%2026-29%202008_Bellagio.pdf

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http://www.ecured.cu/Fulgencio_Batista

http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/10/19/50-verdades-sobre-la-dictadura-de-fulgencio-batistaen-cubas/#.Vl89Kcp2xyo

(datos económicos del banco nacional de cuba)

http://www.libertaddigital.com/suplementos/castro/index.php/castrismo

http://profesorcastro.jimdo.com/el-fracaso-de-la-econom%C3%ADa-en-la-cuba-castrista/

http://profesorcastro.jimdo.com/r%C3%A9quiem-por-la-industria-azucarera-y-la-revoluci%C3%B3n-cubana/

http://www.ecured.cu/Sistema_pol%C3%ADtico_cubano

http://www.cubadebate.cu/cuba/asamblea-nacional-poder-popular/

http://www.cubadebate.cu/cuba/consejo-estado/

http://internacional.elpais.com/internacional/2008/02/19/actualidad/1203375611_850215.html

http://www.diariolibre.com/noticias/las-diez-reformas-ms-destacadas-de-ral-castro-EMDL372701

http://www.convivenciacuba.es/index.php/economa-mainmenu-56/538-la-crisis-econmica-en-cuba-2009-2010

http://www.expansion.com/economia/politica/2015/07/01/559314dae2704eb96e8b45ab.html

http://www.laopiniondezamora.es/internacional/2015/10/27/eeuu-opone-poner-embargo-cuba/880579.html

https://cubaout.wordpress.com/2009/07/15/emigracion-2009/

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/democracia-y-capitalismo-en-cuba-318535

http://www.gaceta.es/reportajes/fachada-castrismo-desmorona

http://observacuba.org/cuba-algunos-actos-de-represion-politica-en-el-mes-de-abril-de-2014/

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http://www.indexmundi.com/g/g.aspx?v=71&c=cu&l=es

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