El bolero triste de “Rabell”

LLuís Ravell, cabeza de lista de Catalunya Sí que es Pot, entrevistado por la Sexta Noticias.

LLuís Rabell, cabeza de lista de Catalunya Sí que es Pot, entrevistado por la Sexta Noticias.

La antigua fábrica de hilaturas Fabra y Coats, en pleno corazón del barcelonés barrio de Sant Andreu había sido elegido como cuartel general de Catalunya Sí que es Pot para obrar de nuevo el milagro del cambio. Todavía resonaban en las paredes de ladrillos los cánticos de victoria cosechados por Ada Colau y Barcelona en Comú del pasado 24 de mayo, en las elecciones municipales. Con once concejales (uno más que los conseguidos por el depuesto alcalde Trías), la formación de confluencia política había conseguido el 25% de los votos, lo que abrió las puertas de la alcaldía, de par en par, para Colau.

Con esos antecedentes (pájaro de mal agüero) se habían conjurado los cuatro partidos que “convergían” en esta lista de izquierdas (ICV, Podem, Esquerra Unida y Equo) para dar de nuevo el sorpasso, en el lugar que se había convertido en su talismán. Pero la noche se les hizo demasiado larga, muy temprano. Ya a las 20h, cuando TV3 avanzó el sondeo a pie de urna otorgando entre 12 y 14 escaños a los de Rabell.

La mayoría de las encuestas que se habían publicado hasta la semana antes del día de las votaciones daban a Catalunya Sí que es Pot una horquilla de diputados de entre 12 y 21 parlamentarios. Incluso, y a rebufo del éxito cosechado de Barcelona en Comú, hubo analistas políticos que pusieron sobre la mesa la posibilidad de que se convirtiera en segunda fuerza en el Parlament, llegando hasta los 30 representantes. Pero el escrutinio de votos se mostraba implacable, pocos minutos después del cierre de los colegios.

20.45h de la noche, diez diputados y con un escrutinio que superaba el 40%, parecía un buen momento para ofrecer las primeras valoraciones de los resultados provisionales. El papelón recayó en Marc Rius, uno de los tres co-directores de campaña. Con semblante serio, el único consuelo para Rius fueron los tímidos aplausos de los pocos militantes que se acercaron al lugar. Después de destacar la gran participación (que finalmente batió el récord, situándose en un 77,44%) y de felicitarse por la gran movilización del voto abstencionista, Rius encaró lo que parecía evidente. “La gran mayoría de los catalanes y catalanas han decidido que quieren otra relación con España, que quieren romper con el Estado”, dijo. Aunque acto seguido advirtió que “esta salida debe hacerse de forma dialogada, democráticamente y donde se incluyan a todos los catalanes”.

La lista diseñada por Artur Mas, se imponía con claridad con 63 escaños con un porcentaje escrutado que ya superaba el 50%, y Rabell continuaba ausente. Vestido con su inseparable camisa blanca y flaqueado por Joan Herrera y Dolors Camats, el desconocido líder (antes activista vecinal) seguía la noche electoral desde una sala anexa a la de los periodistas. El segundo consuelo, mucho más jaleado por los simpatizantes llegó con la suma de un diputado más que Catalunya Sí que es Pot le acababa de “birlar” a los de Romeva. El marcador sumaba 11 escaños y no se movería. Derrota era la palabra que se podía leer en las caras de los asistentes.

Cual cenicienta anticipada, Lluis Ravell decidió abandonar el baile de cifras para dar la cara ante la prensa. “Ha ganado la dinámica de la polarización del sí y del no”, dijo con convicción. Y como la letra de un bolero, Ravell despechado echó la culpa lo difícil que lo había tenido a lo largo de la campaña para poner encima de la mesa lo suyo, “la problemática social”. “Tristezas me dan tus penas, mujer”, así reza la primera estrofa del que se considera el padre de todos los boleros, obra del compositor cubano Pepe Sánchez. Éste trata del profundo dolor causado por el desamor. Igual de triste confirmó LLuis Rabell que “no se ha cumplido el objetivo de irrumpir en el parlamento con una fuerza insoslayable”. Aún así, el cabeza de lista de Catalunya Sí que es Pot lo fió todo al paso del tiempo, y a la voluntad de muchos ciudadanos por un cambio en la política, para que su planteamiento acabe cogiendo peso y fuerza.

Ravell ante un futuro que calificó de complejo, y las muchas incógnitas que todavía están irresolutas con unas elecciones generales dentro de dos meses, pidió a los suyos que continuarán apoyándole. “Continuaré trabajando con estos 11 escaños en el Parlament al frente de Catalunya Sí que es Pot”, aseguró ante la cámara de televisión de la Sexta Noticias. Y a pesar de que al final de su intervención, sonó el machacón “sí se puede”, en esta ocasión se esuchó con otra cadencia, otro ritmo. Como con el compás ternario y melancólico de un bolero triste. El mismo bolero que le tocó bailar sólo esa noche a Rabell. Pablo Iglesias, también omnipresente durante la campaña catalana decidió escuchar las “tristezas”, desde Madrid.

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