Negombo, la ciudad de las vírgenes y los cuervos

Un grupo de pescadores católicos esperan la caída del sol para salir a pescar. Negombo, Sri Lanka

Un grupo de pescadores católicos esperan la caída del sol para salir a pescar. Negombo, Sri Lanka

Para llegar a Sri Lanka tomamos una combinación de dos vuelos. De Barcelona a Dubai, y de allí a Colombo, capital del país. La compañía que elegimos fue Emirates. Por unos cerca de 750 euros (cada uno) pudimos obtener los billetes. El vuelo salió de la T1 del aeropuerto de El Prat a las 22:45h. La cena fue a bordo. Un compartimentado menú a base de ensalada de pollo y habas, y un segundo plato de pollo a la plancha con puré de patatas. Pasamos toda la noche volando hasta que, sobre las 7 de la mañana (hora local), llegamos a Dubai. El vuelo duró unas seis horas. Una vez allí, la escala fue de poco tiempo, tan sólo dos horas y media. Entre el desembarque, recorrer las impresionantes instalaciones del aeropuerto y encontrar la puerta de embarque, resultó que llegamos a la cola con el tiempo justo.

Fue la primera toma de contacto con Sri Lanka. Entre dispersos grupos reducidos de turistas occidentales, la sala de espera de la puerta de embarque B22 ocupada por una marea de personas locales, que regresaban a su país. Piel oscura, de un marrón tierra intenso, y unos ojos cuyas negrísimas pupilas destacaban sobre el blanco ocular como dos estrellas brillantes en una noche despejada. La mayoría eran familias extensas, con más de tres hijos. Algunas mujeres vestían traje tradicional, con pañuelo, otras iban al modo occidental. Los hombres lucían bigote fino, varios de ellos, al más puro estilo “Antonio Alcántara”. El vuelo fue soporífero. No podía ser de otra manera ya que el anterior no habíamos pegado ojo. En un abrir y cerrar de ojos completamos las cuatro horas y pico que separan el desierto de Dubai, de la tropical Sri Lanka.

Puerta de embarque hacia Colombo en el aeropuerto de Dubai, Emiratos Árabes.

Puerta de embarque hacia Colombo en el aeropuerto de Dubai, Emiratos Árabes.

Después de un más que ingenuo trámite de inmigración en el que “ojo”, es imprescindible escribir una dirección propia del país, en la que se supone que vamos a residir (nosotros pusimos la dirección de uno de los hostels que indica la guía Lonely Planet), cambiamos algo de dinero. El cambio que marcaban las oficinas bancarias del aeropuerto a finales de junio de 2015 era 1 euro = 142 rupias. En la guía Lonely Planet figura que se puede tomar el autobús 240 que lleva a los pasajeros desde el aeropuerto hasta Negombo (nuestro primer destino, a unos 15 kilómetros al norte). Pero lamentablemente las indicaciones son inexistentes, además de que los locales no son muy duchos en aconsejar el transporte público. El negocio es hacerlo difícil para los turistas, así éstos acaban (igual que hicimos nosotros) tomando un popular tuk-tuk o un taxi. El tuk-tuk es una especie de motocicleta adaptada para tres personas más el conductor, con tres ruedas y una especie de habitáculo con techo de lona. El viaje de unos 20 kilómetros salió por unas 800 rupias a dividir entre tres, unos cinco euros en total.

Nuestra primera noche de hotel fue en Dion’s Guest Hose (en Lewis Street, o como les gusta decir a los locales, Lewis Place), galardonado con el premio TripAvisor 2015. Para una habitación doble, en muy buenas condiciones, con aire acondicionado, ventilador y un baño muy confortable en su interior nos pidieron 20 euros cada uno. Con desayuno incluido. No es cuestión de regatear la primera noche. Negombo es la típica ciudad asiática de conducción caótica pero mucho más relajada que la infernal Bangkok o la imposible Nueva Delhi. Aceras estrechas, hechas de losas de cemento con un agujero cada una pensadas para el drenaje del agua caída de la lluvia. Casas bajas, coloridas y con soportales hechos de postes de madera y planchas de chapa. Decenas de puestos de frutas, verduras, especias y también de todo tipo de utensilios para el hogar.

Negombo es una ciudad que cuenta con una amplia comunidad cristiana. En cada gran cruce o intersección emergen otros tantos altares con la imagen de la Virgen con el niño Jesús a cuestas. Y en plena calle Lewis (tranquila y auténtica, aunque repleta de lugares donde hospedarse, restaurantes y tiendas de souvenirs) emerge una imponente Iglesia. Un gran caserón hecho de hormigón y madera, con una imagen de la Virgen bendiciendo el edificio y una estridente cruz luminosa, a juego con pequeñas luces que cuelgan y adornan, a partes iguales, las cornisas. Al atardecer, cuando el calor da un respiro, familias enteras se concentran alrededor del templo para seguir el rezo, desde el jardín. Un sacerdote lee las sagradas escrituras desde el porche de la entrada. Y lo que a simple golpe de oído pareciera la llamada a la oración musulmana, no es más que “que la paz sea con vosotros”, a través de un amplificador.

Iglesia católica en Negombo, Sri Lanka.

Iglesia católica en Negombo, Sri Lanka.

Cuando no es día de oración, los pescadores de la zona, la mayoría católicos, se acercan a la arena, cerca de la resaca de las olas y se sientan sobre sus pequeñas embarcaciones de fibra de carbono a espera la caída del sol. Algunos saldrán a través de la laguna hacia el mar índico en busca de fortuna. Hay quien dice que hay mejor pescado de noche y por eso utilizan un foco y una red convencional. Otros pescadores esperan a los primeros rayos de sol para salir en sus barcazas. El pescado estrella es la langosta, pero también arrancan del mar cangrejos, gambas, entre otros. El mercado de pescado, fundado en 1917, hierve de vida todas las mañanas con la llegada de los pescadores desde la laguna, deseosos de vender sus capturas.

Amanecer en Negombo es una mezcla calculada entre una sensación de sofoco asfixiante, un mar de sudor y el aturdidor, pero exótico graznido de los cuervos. Estos simpáticos aunque siniestros pájaros abundan en cantidades indecentes en esta ciudad costera. No tienen problemas para posarse cual esfinges egipcias encima del tendido eléctrico, o concentrarse por docenas entorno a la comida que permanece en el suelo. Los postes de madera clavados en la playa son su mejor mirador para otear el horizonte a lo lejos, y más cerca, para vigilar los escondrijos de los cangrejos en la arena.

Un grupo de cuervos cerca del Mercado de Pescado de Negombo, Sri Lanka.

Un grupo de cuervos cerca del Mercado de Pescado de Negombo, Sri Lanka.

En esta ciudad es una buena opción hacerse dar un masaje en “Neerogee Ayurveda”. Un lugar pequeño pero con encanto, regentado por una pareja muy agradable. El viajero puede darse un homenaje en todo el cuerpo o en aquellas partes que más lo necesiten por un módico precio. Cuarenta-y-cinco minutos de masaje en pies y piernas suponen al cambio unos 15 euros, un coste más que razonable para hacer remitir el cansancio del mochilero. Por otra parte, si además del cuerpo pretendemos dar un festín de sabor a nuestro paladar, nada mejor que acercarse a “Sea View”, en la misma calle Lewis. Una deliciosa langosta recién pescada a la brasa no cuesta más de 20 euros. ¡En Negombo sólo se está una vez en la vida! ¿O no?

Atardeccer en la playa de Negombo, Sri Lanka.

Atardeccer en la playa de Negombo, Sri Lanka.

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2 comentarios

  1. Sigue disfrutando……

    1. Gracias Mercedes. Cómo te encuentras? Qué tal las cosas por ahí?

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