EL ARTE QUE EMANA DE BALI

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El viajero recordará Bali por su cultura, tan diferente del resto de las islas que conforman Indonesia. Con una población eminentemente hinduista, pero también budista, la religión vertebra una sociedad que intenta complacer en todo momento a dioses y espíritus protectores. De ahí que toda expresión cultural en Bali no sólo se reduzca a eso, sino que trascienda siempre a la categoría de ritual.

Las tres principales expresiones artísticas en la isla son: la música Gamelan, la danza tradicional dramática (Legong dance, Baris Dance) y las marionetas de sombras (Wayang Kulit). Cada una de ellas constituye una forma de aproximación a las deidades ancestrales, de manera que el arte implícito en cada una, emana de la devoción del músico, bailarín o maestro de las marionetas. La forma tradicional de preparación antes de una actuación es el rezo para intentar obtener la ansiada “taksun” o inspiración divina. Un carisma espiritual otorgado por los dioses que dota de destreza y saber hacer al artista en escena. En España podría equipararse al comúnmente llamado “duende”, salvando ciertas distancias.

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En los espectáculos de danza dramática, el taksun puede provenir de elementos sagrados como las máscaras de personajes mitológicos o los sombreros o tocados.

Además de ritual y expresión artística, cada representación constituye una vía abierta para la transmisión de los valores de la cultura y religión balinesa. Éstos pueden resumirse en el concepto de dualidad universal o “Rwa Bhineda”. Se trata de la eterna contraposición entre: el bien y el mal, el placer y el dolor, la alegría y la tristeza, etc. Algo que se ejecuta con todo lujo de detalles en las expresiones artísticas. En el “wayang kulit” (marionetas de sombras) con la aparición en escena de marionetas buenas y malas. En las canciones de Gamelan con ritmos compuestos por dos tonalidades a la vez. Y en la danza tradicional, con movimientos llevados a cabo con la mano derecha y otros con la izquierda, por ejemplo.

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Tradicionalmente los rituales se han desarrollado en el “kalangan” o espacio destinado para ello, normalmente en lugares cercanos a algún templo, en las diferentes “desa adat” o villas. Y cada pueblo se dota a sí mismo de una “pokok” o asociación donde se enseña la tradición cultural de padres a hijos, o de maestros a alumnos. Las actuaciones que se realizan durante la celebración de alguna ceremonia son llevadas a cabo por artistas que no reciben una remuneración. Participan por devoción y con el fin de honrar a las deidades.

Los movimientos en la danza tradicional dramática:

Los característicos movimientos de manos, brazos y ojos de las bailarinas balinesas (pragina) pero también de los bailarines masculinos (pragina) no tienen significado en sí mismos. Pero su papel es del todo relevante ya que ayudan a embellecer la danza, tanto mayor agrado para los espíritus ancestrales.

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El movimiento de las bailarinas balinesas se conoce como “ngumbang” y consta de un desplazamiento que siempre ha de hacerse en forma de ocho o de “S”, cuanto más hacia el suelo mejor, como “las olas del océano”. Son característicos los vaivenes de cadera, junto con el despliegue de brazos con respecto al tronco y el intermitente tintineo de los dedos de las manos. Sin contar el electrizante desplazamiento del iris y la pupila, a un extremo y otro del espacio ocular. El abanico es un elemento enfático de la danza. La mayoría están hechos de bambú revestidos de una capa de pan de oro.

“Malpan” es la palabra con la que se conoce la ejecución de movimientos de los bailarines masculinos. Siempre se toma como patrón la manera de andar en forma de diamante, levantando las piernas flexionando las rodillas manteniendo la forma triangular. Para el hombre y la mujer la inspiración de los movimientos viene dada por la naturaleza. Se trata de abstraer escenas cotidianas de la vida rural y del campo tradicional como: tirar el arroz al aire, el movimiento de la lagartija en el agua, etc. Otros movimientos son más claros y precisos como: el de señal de rezo (con las palmas de las manos juntas), el de dar un mensaje, el de estar enfadado. En ambos sexos el frenético movimiento de dedos, a las mujeres otorga elegancia y a los hombres (guerreros) energía.

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Maquillaje, vestuario y complementos en escena:

Pueden pasar muchas horas de preparación hasta que una bailarina se convierta en princesa, o hasta que un bailarín se transforme en demonio. Cada uno de los personajes posee un maquillaje, vestiuario, sombrero y peinado concretos que dan llaves a los espectadores para que éstos los identifiquen sin lugar a dudas.

Dada la gran importancia de la mirada, aquí el maquillaje será el más cuidado e importante. Una línea negra de buen grosor para encima de los ojos y otra más delgada para la parte de abajo. Dejando eso sí cola de pez en los extremos que tocan las sienes. Esta regla vale tanto para hombres como para mujeres.

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Muchos atributos de los personajes fantásticos de las marionetas de sombras se han trasladado a vestidos, sombreros y complementos de la danza tradicional dramática. En la épica historia de Ramanaya, todos los payasos, demonios y reyes antagonistas tienen la cara pintada de rojo con puntos blancos dispuestos en semicírculos. Todos los personajes principales masculinos llevan el bigote largo. Para ambos sexos es imperativo llevar flores detrás de las orejas (como la de frangipani).

Por lo que se refiere al vestuario, tocados, sombreros y máscaras son considerados los elementos más sagrados porque la cabeza del ser humano tiene inherente esta estimación. Para las bailarinas (sobre todo en la modalidad de legong dance) el vestuario se compone de: una corona dorada tocada con flores, una camisa de media manga (aunque algunas llevan palabra de honor, dejando ver los hombros), una especie de pechera dorada (para los hombros acabada en pico, que se extiende en una pieza rectangular, que cae hasta la altura de media pantorrilla) y un pareo ricamente decorado con todos también dorados. El pelo largo suelto o recogido en una larga melena ancha.

Legong dance, la sensualidad femenina:

Es la modalidad más habitual y la que los turistas que llegan a Bali están más habituados a ver como espectadores. Para los expertos constituye la quintaesencia de la feminidad. Su nombre deriva de la combinación de dos conceptos: legong (movimiento elegante) y gong (para describir el tipo de música). Durante más de doscientos años ha sido interpretado por chicas pre púberes como símbolo de la celestial divinidad de los ángeles.

Se suele estructurar en cuatro o cinco partes. En la incial “Condong” o la sirvienta danza sola en el espacio dejando deslizar sus brazos y manos, alcanzando unos abanicos con los que baila. La parte que sigue es en la que intervienen dos bailarinas de legon que se encuentran con la sirvienta, y juntas ejecutan una poderosa coreografía con los abanicos. En las siguientes el movimiento es más delicado, hasta que llega el momento en que dos bailarinas se toman de las manos y danzan representando un beso o lo que podría ser una pelea (se zarandean de un lado al otro). Finalmente todas las bailarinas se enfrentan juntas al público en una danza coral.

Baris dance o la danza del soldado:

Baris es el personaje masculino por antonomasia. Se le considera el guerrero protector del rey en el Palacio. Ataviado con un sombrero triangular, ricamente decorado con flores, usa tonos dorados y blancos. Utiliza una base blanca también para pantalones y camisa de manga larga blanca. Pero lo espectacular de su vestuario es el poncho abierto que le cuelga hasta media pantorrilla que simula el plumaje de un ave. Provisto de varios colores y volantillos, provee al baile de una sensación cautivadora cuando Baris gira sobre si mismo.

Los movimientos de Baris son electrizantes. Con las piernas y los pies dispuestos en forma de diamante (esto es en forma triangular o rombo), mantiene los codos siempre a la altura de los hombros, y se lleva las manos hacia el pecho, moldeando posturas imposibles con los dedos de la mano. Como buen guerrero joven, demuestra sus habilidades desplazándose de un lado al otro, en rápidas y sobresaltadas zancadas, cuando no saltos.

Otro punto y a parte se refiere a la proeza que realiza con los ojos. Abiertos como naranjas, pupilas que miran al horizonte, perdidas, dotan al personaje de una personalidad histriónica. Por si fuera poco, la velocidad con la que entreabre y cierra los párpados y desplaza iris y pupila, deja a la audiencia completamente atónita.

Hanuman, el baile del rey mono:

Suele ser interpretado por el mismo bailarín masculino que da vida a Baris, aunque esta vez el vestuario sea un traje blanco ceñido, con una máscara que recuerda la cara de un mono, un tocado con tonos florales y una larga cola (como símbolo de fuerza animal). Hanuman lucha contra Rawana, el dios antagonista en la épica historia de Ramayana. De ahí que
los movimientos también sean frenéticos y llenen todo el espacio.

Gamelan o la musica grupal:

Se trata del sonido tradicional de Java y Bali basado en la agrupación musical de varios instrumentos. Es la música que acompaña la danza dramática en los “kalangans”. Algunos de ellos son: los metalófonos, los xilófonos, membranófonos, los gongs, las flautas de bambú, la cuerda pulsada, y en ocasiones la voz femenina o masculina. El gamelan puede ser interpretado con tan sólo dos “genders” (instrumento hecho a base de un mueble de madera, con una estructura de bambú haciendo las veces de caja de resonancia, y varias llaves metálicas), hasta la utilización de 60 diferentes instrumentos de percusión. En algunos de los espectáculos se pueden reunir unos 21 músicos (la mayor de las veces son hombres aunque las mujeres tienen derecho también a ello) que participan durante hora y media del ritual. La complicación la da el hecho de que no existen partituras, el repertorio debe aprenderse a base de ensayos.

Este tipo de música es originaria de Java, de la época del reinado de la dinastía Majapahit, entre 1343 y 1511. Es considerada la época dorada para el Gamelan. La realeza y aristocracia patrocinaban su desarrollo como mecenas. Con la invasión parcial de los holandeses (1700), la monarquía y la corte se trasladaron a la isla de Bali, donde continuaron potenciando la cultura de sus ancestros. A partir de 1906, cuando las tropas holandesas toman el control político y militar de Bali, declinan también las artes anteriormente cultivadas.

Antes de salir a escena, todos los músicos son bendecidos para asegurar una actuación triunfal. Cada uno de ellos lleva puesto el “udeng” (gorro tradicional) y el “saru” (pareo tradicional). Además van ataviados con una flor de “frangipani” en la oreja izquierda. De izquierda a derecha ocupan todo el espacio los instrumentos. Al fondo, dos “gong agungs” (gongs de 80cm colgados de uno soporte hecho de bambú) y un “kempur” (un gong de 50 cm). Le siguen dos “jejogan” (metalófonos de cinco claves que se golpean con un mayo). Justo delante de estos primeros instrumentos aparecen dos “jublangs” (también metalófonos), un “ceng-ceng” (un címbalo pequeño de latón golpeado por un solo músico). A continuación va un reyong (doce pequeños címbalos golpeados por cuatro músicos que utilizan simultáneamente dos bastones de madera cuyos extremos están recubiertos de cuerda).

En el espacio central, al fondo de la escena se sientan sobre dos cojines los percusionistas encargados de tocar los dos tambores de dos caras. Éstos están hechos de madera y de piel de vaca. Ya en el lado derecho y empezando por la fila más alejada se disponen cuatro “gangsa kantil” (metalófonos de diez llaves metálicas golpeadas por cuatro músicos, cada uno con un mayo). Esta pieza de percusión está formada por un mango de madera y una base golpeadora que puede asemejarse al colmillo de un elefante de pequeñas dimensiones. Con un extremo acabado en punta y el otro, el que se utiliza para la percusión, de forma circular y plana. En la parte delantera cuatro “gangsa pemade” (metalófonos de diez notas golpeados por cuatro músicos con mayos metálicos). Entre los pemade un “gangsa ugal” (metalófono cuyo músico parece llevar el ritmo de toda la agrupación). Y en medio de todos estos instrumentos un “kajar” (parecido al címbalo del lado izquierdo llamado “ceng-ceng”).

El contenido de las actuaciones se divide en tres funciones. El tema básico lo llevan los metalófonos. De la ornamentación de la melodía base se encargan el resto de “genders” y “reyongs”, al igual que las flautas (tocadas por los mismos músicos) o la voz solista. Los gongs y los tambores se encargan de marcar el tercero de los elementos: el ritmo. En el caso del Gamelan, la música se estructura en compases de ocho tiempos, dando especial énfasis en el octavo. Al contrario de lo que sucede con la música occidental, donde el golpe más sonoro suele ser el primer tiempo del compás.

En la música tradicional balinesa existen dos ritmos fundamentales el “beating” o golpeo simultáneo (en el que dos notas son tocadas simultáneamente por los metalófonos) cosa que origina una bonita “embak” u ola sonora. Y por encima de todo, las melodías se tocan teniendo en cuenta el “Kotokan” o configuraciones interpuestas. Es decir que cada músico deja inacabada su melodía teniendo en cuenta que otro acabará complementándola con la suya también incompleta.

Wayang Kulit o el reino de la sombras:

En la parte de atrás de Kerta Accomodation (una de la innumerables pero cuidadas tiendas de artesanía y suvenires de Ubud, en Bali) las “wayang kulit” o marionetas de sombras daban vida una noche más a la épica (y sagrada historia para los balineses hinduistas) de “Rwa Bhineda”. Bajo el oscilante parpadeo de la única luz que daba un candil de aceite, al otro lado de la pantalla varios desconocidos prestaban atención al espectáculo sentados en sillas de plástico. Mientras al otro lado de la pantalla hecha con una traslúcida pero resistente piel animal, los artistas ejecutan a la perfección el movimiento de las marionetas, la música, la interpretación, y los golpes para dar énfasis.

No son demasiados, unos tres o cuatro. El “Dalang” o maestro de las wayang kulit ejerce de columna vertebral del show e insufla de vida a las marionetas. Sentado bajo el candil de fuego, con el torso desnudo y la cabeza cubierta con el tradicional “udeng”, el Dalang tiene justo delante varias de las marionetas que va a utilizar para cada acto. Cada una se divide entre la figura (plana, en dos dimensiones) troquelada del personaje hecha con piel natural y papel, y un mango alargado de madera con el que sostenerla. Detrás del “Dalang” se sitúan los músicos que se encargan de dotar de tensión y expectación al “show”, con sus ritmos trepidantes sobre diferentes “genders” (una especie de xilófonos ya hechos de bambú, ya de metal que son golpeados por bastones de madera recubiertos por piel, o también metálicos).

El Dalang proyecta las sombras de cada uno de los personajes colocándolos sobre el dorso de la pantalla. La mayoría de las veces propina fuertes y sonoros golpes sobre la tensa tela, como si tratara de aplastar uno de esos molestos mosquitos que rondan todas las tardes, con un exclusivo matamoscas “de diseño balinés”. Las marionetas aparecen y desaparecen al son de un ritmo trepidante, marcado por la música pero también por un sincopado y continuado golpeo de una pieza de madera. Cada uno de estos ruidos simula un entrechocar de espadas o cualquier tipo de golpe en la trama. Así los maestros de las wayang kulit logran enfatizar, siempre que la acción lo requiera, el movimiento de las marionetas dentro del marco del escenario.

Las wayang kulit no sólo representan una historia religiosa y mística con la que entretener cuando el día ha declinado ya. Además se erige como una completa lección filosófica que queda totalmente intrincada en los preceptos de la religión hinduista. El argumento principal gira entorno a la intención de “Kunti”, la madre del hermano de “Pandawan”, de organizar la ceremonia de “Dewa Yadnya” junto con “Kresna”, “Ajuna”, “Malen” y “Merdah”. Hasta aquí el primer acto. Le sigue el segundo en el que Duryadana, el personaje antagonista, pretende arruinar la ceremonia con la ayuda de “Durga” y su banda de demonios (“Kala” y “Jutisrana”).

El tercer y último acto es donde se desarrolla toda la acción. Es el momento en el que el clan de los Pandawans ofrece resistencia avisados por un gigante volador, de las intenciones de “Durga”. Junto con guerreros “Kasatria” como “Arjuna” (especialista en las artes de la guerra) se inicia un combate sin tregua. “Arjuna” logra alcanzar con tan sólo un único arco a cientos de gigantes malvados, pero todavía son más los que siguen en pie dispuestos a atacar. Mientras tanto “Kresna” (que representa el poder de Dios) mantiene una encarnizada lucha con “Durga” (que encarna el poder del mal y de la magia negra).

Es impresionante y totalmente obnubilante observar como el “Dalang”, junto con la ayuda de los músicos, logran traspasar la pantalla y dotar de vida a las marionetas, creando el ambiente idóneo para la transmisión de los valores religiosos. Las rápidas apariciones y desapariciones de las wayang kulit, entremezcladas con diálogos fuertemente entonados y delirantes ritmos musicales dotan a la escena de una tensión formidable. Las flechas lanzadas por Arjuna están definidas y el modo como impactan en los gigantes comandados por Durga es perfectamente visible y realista.

Volviendo a la batalla, el balance de fuerzas se mantiene hasta que el dios Siwa (Siva) desciende del cielo como “dios sol Sang Hyang Acintya” y da la guía definitiva hasta la victoria de los Pandawan. No sin antes dejar claro algunas de las enseñanzas claves para el Hinduismo como el concepto de “interdependiente dualidad” (Rwa Bineda): placer-dolor, vida-muerte, luz-oscuridad, entre otras. Así pues la batalla termina con la intervención divina que conmina a todos los espectadores a esforzarse por alcanzar el balance y la armonía cuando las vicisitudes lleguen a nosotros.

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