LA INTERDEPENDIENTE DUALIDAD DE LAS WAYANG KULIT

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En la parte de atrás de Kerta Accomodation (una de la innumerables pero cuidadas tiendas de artesanía y suvenires de Ubud, en Bali) las “wayang kulit” o marionetas de sombras daban vida una noche más a la épica (y sagrada historia para los balineses hinduistas) de “Rwa Bineda”. Bajo el oscilante parpadeo de la única luz que daba un candil de aceite, al otro lado de la pantalla varios desconocidos prestaban atención al espectáculo sentados en sillas de plástico. Mientras al otro lado de la pantalla hecha con una traslúcida pero resistente piel animal, los artistas ejecutan a la perfección el movimiento de las marionetas, la música, la interpretación, y los golpes para dar énfasis.

No son demasiados, unos tres o cuatro. El “Dalang” o maestro de las wayang kulit ejerce de columna vertebral del show e insufla de vida a las marionetas. Sentado bajo el candil de fuego, con el torso desnudo y la cabeza cubierta con el tradicional “udeng”, el Dalang tiene justo delante varias de las marionetas que va a utilizar para cada acto. Cada una se divide entre la figura (plana, en dos dimensiones) troquelada del personaje hecha con piel natural y papel, y un mango alargado de madera con el que sostenerla. Detrás del “Dalang” se sitúan los músicos que se encargan de dotar de tensión y expectación al “show”, con sus ritmos trepidantes sobre diferentes “genders” (una especie de xilófonos ya hechos de bambú, ya de metal que son golpeados por bastones de madera recubiertos por piel, o también metálicos).

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El Dalang proyecta las sombras de cada uno de los personajes colocándolos sobre el dorso de la pantalla. La mayoría de las veces propina fuertes y sonoros golpes sobre la tensa tela, como si tratara de aplastar uno de esos molestos mosquitos que rondan todas las tardes, con un exclusivo matamoscas “de diseño balinés”. Las marionetas aparecen y desaparecen al son de un ritmo trepidante, marcado por la música pero también por un sincopado y continuado golpeo de una pieza de madera. Cada uno de estos ruidos simula un entrechocar de espadas o cualquier tipo de golpe en la trama. Así los maestros de las wayang kulit logran enfatizar, siempre que la acción lo requiera, el movimiento de las marionetas dentro del marco del escenario.

Las wayang kulit no sólo representan una historia religiosa y mística con la que entretener cuando el día ha declinado ya. Además se erige como una completa lección filosófica que queda totalmente intrincada en los preceptos de la religión hinduista.

El argumento principal gira entorno a la intención de “Kunti”, la madre del hermano de “Pandawan”, de organizar la ceremonia de “Dewa Yadnya” junto con “Kresna”, “Ajuna”, “Malen” y “Merdah”. Hasta aquí el primer acto. Le sigue el segundo en el que Duryadana, el personaje antagonista, pretende arruinar la ceremonia con la ayuda de “Durga” y su banda de demonios (“Kala” y “Jutisrana”).

El tercer y último acto es donde se desarrolla toda la acción. Es el momento en el que el clan de los Pandawans ofrece resistencia avisados por un gigante volador, de las intenciones de “Durga”. Junto con guerreros “Kasatria” como “Arjuna” (especialista en las artes de la guerra) se inicia un combate sin tregua. “Arjuna” logra alcanzar con tan sólo un único arco a cientos de gigantes malvados, pero todavía son más los que siguen en pie dispuestos a atacar. Mientras tanto “Kresna” (que representa el poder de Dios) mantiene una encarnizada lucha con “Durga” (que encarna el poder del mal y de la magia negra).

Es impresionante y totalmente obnubilante observar como el “Dalang”, junto con la ayuda de los músicos, logran traspasar la pantalla y dotar de vida a las marionetas, creando el ambiente idóneo para la transmisión de los valores religiosos. Las rápidas apariciones y desapariciones de las wayang kulit, entremezcladas con diálogos fuertemente entonados y delirantes ritmos musicales dotan a la escena de una tensión formidable. Las flechas lanzadas por Arjuna están definidas y el modo como impactan en los gigantes comandados por Durga es perfectamente visible y realista.
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Volviendo a la batalla, el balance de fuerzas se mantiene hasta que el dios Siwa (Siva) desciende del cielo como “dios sol Sang Hyang Acintya” y da la guía definitiva hasta la victoria de los Pandawan. No sin antes dejar claro algunas de las enseñanzas claves para el Hinduismo como el concepto de “interdependiente dualidad” (Rwa Bineda): placer-dolor, vida-muerte, luz-oscuridad, entre otras. Así pues la batalla termina con la intervención divina que conmina a todos los espectadores a esforzarse por alcanzar el balance y la armonía cuando las vicisitudes lleguen a nosotros.

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