UNA LAVADORA POR CONOCER INDONESIA

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“Necesitamos poner una lavadora”, o como decimos cuando estamos de viaje, hacer una “laundry”. En el hotel Whiz de Semarang se me han puesto los ojos como platos cuando en la recepción me han dicho que lavar la ropa se pagaba por pieza. Y yo que llevaba una bolsa que al menos pesaba siete u ocho quilos. Segunda opción, el macro centro comercial Paragon, Crowne Plaza. Allí seguro que encontraríamos una lavandería. Pero para nuestro desánimo, entre tiendas de primeras marcas, restaurantes, puestos de comida gourmet, y un supermercado en la plata de abajo, no encontramos ni rastro de lavadora, secadora, o cualquier otro elemento para lavar la ropa.

Preguntando se va a Roma, así pues unas chicas del centro comercial nos han indicado la dirección de una lavandería cercana. Después de recorrer varios centenares de metros de la calle Jl MH Thamrin hemos vuelto a preguntar. Esta vez una chica apostada en la puerta de un comercio nos ha encaminado hacia nuestro destino. Por cierto, que trabajaba en un salón de belleza. Justo lo que llevaba necesitando incluso antes de salir de Barcelona: un peluquero. Después de prometerle volver, hemos continuado hasta toparnos con unos semáforos. En una esquina hemos llegado a la lavandería Elephant Laundry.

Mala suerte de nuevo. No nos podían lavar la ropa para el mismo día. Ni tan siquiera para primera hora del día siguiente. Y nosotros con un vuelo a Bali a las 8.50 am… Así pues, con una bolsa repleta de ropa sucia, y el rabo entre las piernas, hemos desecho el camino. Cuando la chica del salón de belleza nos ha visto entrar por la puerta, se le ha iluminado la cara. Desde ese momento hemos sido la atracción de una peluquería mixta especializada en cortes de pelo para la población china, bastante numerosa en Semarang.

La decoración era bastante recargada, una mezcla entre el salón de los espejos de Versalles y el attrezzo de una telenovela venezolana. Eso sí, el servicio ha sido exquisito. Primero lavar la cabeza, pero al estilo indonesio. Y aquí quiero decir que deberíamos el mundo occidental de este maravilloso país. La silla y el reposa cabeza estaba diseñado de manera tal que prácticamente mi cuerpo permanecía estirado. Con el consecuente ahorro del dolor de cuello que me ocasionan los ortopédicos butacones de las peluquerías españolas. Y en cuanto al corte, un chico se ha esmerado en cambiarme el look por otro mucho más juvenil. Demasiada presión para un joven “LLongueras” que tenía que lidiar con el cuero cabelludo del único occidental que seguramente habría cruzado la puerta de entrada del salón en mucho tiempo. Además el resto de compañeras se habían sentado en corro detrás mi butacón a observar embelesadas el espectáculo.

A final todos satisfechos. Yo con mi nuevo look indonesio que me ha recordado al peinado de los punkies del Londres de los 80’s, y mi peluquero con una fotografía mía, con su creación encima de mi cabeza.

A la salida, la llamada a la oración para los musulmanes ha guiado nuestros pasos entre calles estrechas de una barriada muy cercana a lujoso centro comercial Paragon. Una mezquita de paredes blancas y cúpula central azul empezaba a llenarse de vida. El Imán recordaba a los fieles la obligación de postrarse ante la oración, a la caída del sol. A las puertas, hombres talludos, mujeres y niños iban descalzándose para entrar al edificio sagrado. Hemos solicitado la entrada. Un hombre delgado con bigote y gorro marrón, que resultaría ser el propio Imán, me ha introducido en el protocolo a seguir.

Primero me han ajustado una especie de pareo a la cintura para cubrir mis piernas desnudas. Luego he pasado por una pequeña acumulación de agua, para purificar mis pies. Posteriormente he remojado mi cara, mis brazos y mis manos, para entrar a la sala de oración, totalmente limpio. Una vez dentro, mi mentor me ha ordenado colocarme a su derecha de manera que junto con otros hombres nos hemos alineado mirando a la Meca. Entonces durante al menos cinco o diez minutos el rezo se ha convertido en un devenir de murmuros erguidos, postraciones completas y pequeñas exclamaciones de “Ala Akbar”, Alá es grande. Detrás de nosotros varios chicos esperaban el momento en que rompiéramos la fila, para preguntarme de qué equipo de fútbol era. Con juegos, risas y cierta algarabía, hemos salido fuera de la mezquita. Allí una mirada cálida entre el gentío ha captado nuestra atención. Una joven indonesia de unos 20 años llamada Alfa nos invitaba a seguirla hasta la casa de sus padres. Una proposición muy decente, difícilmente rechazable.

Una gran lona repleta de letras en bahasa indonesia a modo de cartel de entrada daba la bienvenida al hogar. La puerta abierta, como es costumbre. A un lado, un pequeño mostrador y unas vitrinas que contenían varias gafas. El cabeza de familia era el óptico del barrio. En el otro lado, un pequeño sofá en donde nos invitaban a descalzarnos para entrar en el domicilio. Una pequeña sala anexa hacía las veces de comedor, sala de estar y diminuta cocina. Esta última daba la sensación de estar en  desuso. Luego nuestra anfitriona nos confesó que en Indonesia no es habitual cocinar en casa. La comida en los puestos callejeros es tan barata que sale mucho más a cuenta.

Junto a Alfa, su padre vestido con un cómodo traje color beige claro y un gorro estrecho y chato. También su madre, sin pañuelo en la cabeza, y Anam, la hermana pequeña, de brillante y vívida mirada. Sentados todos en el sofá, entorno a una mesita de plástico y frente a unos dulces y snacks típicos, nos dispusimos a conocer algo más sobre las costumbres del país.

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Al ser domingo Alfa había retornado a la casa familiar para ver a los suyos, aunque de lunes a viernes vivía en una ciudad cercana a Semarang, a una hora de camino. Trabaja como auditora en una empresa que fabrica ropa. Por desempeñar su trabajo Alfa recibía al mes unos 300 dólares, algo menos de 270 euros. Teniendo en cuenta que el alquiler de una habitación con baño compartido le cuesta unos 20 dólares al mes,  se puede determinar que Alfa pertenecía a la incipiente clase media indonesia. En cuanto al salario básico se acerca a los 100 euros, mientras que el sueldo de un médico se sitúa a partir de los 500 dólares.

Gracias a una Fundación Alemana, Alfa pudo aprender inglés, idioma que intenta practicar en cuanto le es posible, tal y como lo estaba haciendo con nosotros. En septiembre tenía planeado ir a Yakarta, la gran capital a formarse como periodista siguiendo un curso de broadcasting. Su sueño confeso es ser corresponsal en Latinoamérica, para algún medio indonesio.

A Alfa no le da ningún pudor hablar abiertamente sobre el pañuelo que cubría su cabeza. Es una decisión personal, nada de imposiciones. Su madre, por ejemplo no lo llevaba. Eso sí, en el momento que entraron un par de clientes al apartado de la óptica, corrió a cubrirse la cabeza. En casa y con nosotros delante, no le deba reparo ir descubierta.

La hospitalidad de los musulmanes es legendaria pero nos pareció excesivo que nuestra anfitriona se ausentara unos segundos para luego regalarle dos piezas de ropa a Esther. Una blusa de tirantes muy moderna y un  vestido de flores con tonos azules y blancos. Nos quedamos con el sentimiento amargo de pensar en que ella nos ofrecía complementos que ella, debido al rigor de la religión, quizá no podría haberse puesto. Nunca lo sabremos.

Dicen que la hospitalidad con hospitalidad se paga. Así pues decidimos comprar en el centro comercial Paragon dos pañuelos para madre e hija. Para la niña pequeña una mochila de princesas para el próximo curso y para el cabeza de familia una libreta y un bolígrafo. Una rata cruzó la calle de la barriada por la que caminábamos de camino a nuestro hotel. No habíamos lavado nuestra ropa, pero habíamos si acaso rozado una pizca de la realidad del país.

 

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6 comentarios

  1. Esto va así! Ahora mismo en mi habitación hay unos tejanos, una camisa y camiseta, dos calzoncillos y un par de calcetines secandose… 😀 Un abrazo y buen viaje!!

    1. Hola viajero!!!

      Gracias por el comentario. ¿Qué tal estás? ¿Por dónde andas? Me voy a meter en tu blog cuanto antes!!!!

      Un abrazo!!!! Y buen viaje!!!!!

      1. Vietnam!! Estamos relativamente cerca…. A disfrutar!! 😀

  2. nice article, and thanks for coming to my house 🙂

    1. Hi Alfa!

      Great to hear from you!! Have you ridden the article?? Woo!!!Thanks to you for your hospitality. It was such a great experience! I have to send you the photos we took. I promisse you I will, but you now, we are a little bit busy with the travel.

      Hugs!!!

      DIEGO

      1. Hi!

        Yes I read this article and I translated to English.
        hmm ya I’m waiting you to send the photos but if you still busy no problem 🙂
        I hope that your traveling is going well and I’m waiting for the next article too.

        Warm Regards,

        Alfa

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