EL HOMBRE TRANQUILO DE SOEKARNO

 

El Hombre tranquilo de Soekarno Aeropuerto internacional (Yakarta).

El Hombre tranquilo de Soekarno Aeropuerto internacional (Yakarta).

Si la espera de más de 6 horas nos había parecido demasiado, no teníamos ni idea de lo que íbamos a tener que esperar para llegar a nuestro destino, Yogyakarta. Amanecía en Qatar pronto sobre las cinco y media de la mañana. Esperamos “impacientemente” hasta que cerca de las ocho pudimos embarcar en otro vuelo. Ya nos veíamos volando pero lo cierto es que pasamos dos horas más esperando dentro de la cabina del avión. Algunos de los pasajeros se levantaban y ocupaban los pasillos cercanos a la cabina del capitán. Según pude entender el avión no podía despegar porque esperábamos a que llegara toda la tripulación. Tan sólo una mujer se mostró realmente molesta con todo lo que estaba sucediendo, la mayoría dormitaba en sus asientos.

El vuelo hacia Yakarta transcurrió sin más incidentes. Dormimos y comimos y vimos películas, y volvimos a comer y dormir y a ver más películas. Ya se sabe, es el mantra de los viajes de larga distancia. Todo seguía su curso, también la noche que ya había caído en las proximidades de la isla de Java. La tensión por el retraso parecía haberse esfumado entre las nubes que íbamos atravesando a velocidad del rayo. Pero a falta de una hora para aterrizar ya temía cómo íbamos a solucionar el entuerto con el personal de tierra del aeropuerto de Soekarno.

Nos las prometíamos muy felices llegando los primeros a la oficina “Airport Services” (Servicios del aeropuerto). Parecía que estaban al tanto y que iban a poner remedio. Cuatro hombres al otro lado del mostrador se disponían a ayudarnos, pero a su manera. El indonesio, y poco conocemos hasta el momento, es una persona al que no le gustan demasiado las prisas. Y por supuesto tampoco nuestras urgencias. Mientras un chico joven tomaba nuestros pasaportes, los fotocopia y los grapaba, otro más mayor enfundado en una chaqueta roja permanecía sentado dando lo que parecían ser órdenes, Después el joven hizo lo propio con nuestros resguardos del siguiente vuelo a Yogyakarta. Mientras tanto los demás pasajeros que habían perdido su vuelo iban acercándose formando una cola considerable.

Era desesperante ver como entre todos miraban papeles, los dejaban, los volvían a mirar y los volvían a dejar. La sensación era de una completa improvisación aderezada con una inexistente intención de explicarnos a qué estaban esperando. Eso es. ¿A qué estaban esperando para darnos un nuevo vuelo y llevarnos a un hotel para descansar? Exactamente esperaron tres horas a llevarnos hasta la salida del aeropuerto para seguir esperando a la llegada de un mini autobús que nos llevaría hasta el hotel. Durante todos los trámites estuvimos preguntando qué era lo que sucedía, cuando podríamos volar, y qué estaba sucediendo. Y la respuesta era siempre la misma “espere señor”.

Por fin un señor se dignó a explicarnos cuales habían sido los trámites. Fue el único que parecía saber qué estaba sucediendo y no se limitaba a pedirnos paciencia. Finalmente el vuelo que nos reservaron salía al día siguiente a las 17.20h. Perfecto, todo un día perdido en los alrededores del aeropuerto de Yakarta. Eso sí, pasaríamos la noche en el hotel de cinco estrellas Sheraton. Habitación doble, cama “King size” (tamaño real) y servicio a la habitación incluido. Pedimos algo para cenar y un hombre uniformado nos trajo los platos en una mesa camilla plegable que bajo el tablero llevaba insertado una pequeña estantería que mantenía el calor de los manjares.

Dormimos hasta la hora de aprovechar el desayuno incluido y volvimos a dormir, hasta la hora de aprovechar la comida, también incluida. Sin terminar casi de comer ya nos esperaba el minibús para trasladarnos al aeropuerto. Lo recordaremos con rencor mucho rencor. Una vez pasado el primer control de seguridad nos encaminábamos hacia el segundo cuando nos comunicaron que el papel que hacía las veces de billetes de vuelo no servía. Nos dirigieron hacia la oficia de la compañía Garuda (la aerolínea). Allí nos comunicaron que los billetes no estaban disponibles. Fuimos a otra. Allí las noticias empeoraban: había habido un error y nuestros billetes habían sido vendidos. En resumen, nuestro vuelo estaba lleno y no precisamente porque nosotros fuéramos en él.

Nos dirigimos entonces a la madre de todas las oficinas: Qatar airways. Afortunadamente después de explicar nuestras desgracias a un oficinista que parecía no entender nada, la fortuna hizo que nos encontráramos con él. Sí él, el hombre tranquilo que nos había explicado lo que sucedía el día anterior. Con él recorrimos parte del aeropuerto, no sabíamos a ciencia cierta hacia dónde. Hablando por dos teléfonos indistintamente parecía que estuviera agilizando los trámites para que pudiéramos volar. Aunque también podría ser que estuviera llamando a su mujer, a su madre o a su abuela. Lo cierto que volvíamos a las andadas, no nos explicaban a ciencia cierta lo qué actuaciones habían emprendido para solucionar el error.

Después de desmoralizarnos, temer que nos quedaríamos de nuevo una noche más en tierra, el hombre tranquilo sonrió por primera vez. “Ahora le trae mi colega los billetes de embarque, perdone por las molestias”. Finalmente lo íbamos a conseguir. Volaríamos a Yogiyakarta más de un día después de lo previsto. Indonesia allá vamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: