El cambio del poder y Moisés Naím

Moisés Naím durante la conferencia en el CCCB de Barcelona

Moisés Naím durante la conferencia en el CCCB de Barcelona

Moisés Naím, el escritor y columnista venezolano visitó la ciudad de Barcelona el pasado miércoles 13 de noviembre para impartir una conferencia a propósito de los cambios que está experimentando el poder. El habitual colaborador de EL País se subió a la tarima de una de las salas del CCCB vestido con pantalones de pinza beige, camisa blanca, chaqueta marrón de piel vuelta y mocasines oscuros, dispuesto a dejar al público congregado con la boca abierta. En la entrada al acto había una mesita con varios ejemplares de su último libro “El fin del poder”, editado por Debate. A la salida, los aquellos que quisieron se llevaron el libro dedicado por su autor. A continuación hago una breve exposición de algunas de las ideas que resumen la conferencia de Moisés Naím.

Ejemplos del cambio de poder:

Empieza Moisés Naím haciendo una enumeración de nombres de personajes públicos, multinacionales influyentes, organizaciones terroristas internacionales y de gobiernos de potencias predominantes. El primer nombre propio que le viene a la cabeza es Mohamed Mursi. El depuesto presidente de Egipto y uno de los máximos dirigentes del partido religioso Hermanos Musulmanes, que fue derrocado tras un golpe de estado el pasado mes de julio. ¿Iba a pensar Mursi, o su antecesor en el poder, el dictador con mano de hierro Hosni Mubarak, que las protestas de los ciudadanos les harían caer? Éste es un buen ejemplo de cómo cada vez es más fácil obtener el poder pero es mucho más difícil mantenerlo.

Continúa enumerando otros ejemplos. Un gigante tradicional de la fotografía como Kodak versus Instagram, la aplicación para “smartphones” con la que se puede editar y compartir instantáneas hechas con nuestros móviles, en las redes sociales. El primero hizo quiebra engullido por la crisis mientras que el segundo, la aplicación, cada día ve como su cotización suma más ceros.

¿Y qué me dicen del desafío del gobierno de Siria? Estados Unidos avisó que intervendría militarmente si Basar al Asad utilizaba armamento químico contra su población. Bien, hay evidencias de que el gobierno sirio sí ha utilizado armas químicas pero EEUU no ha cumplido su amenaza. La potencia económica y militar más fuerte del planeta no tiene el “poder” necesario (ya sea el que le otorga de la opinión pública de su propio país, o del apoyo de una resolución de las Naciones Unidas, o de la OTAN) para realizar un ataque militar como tradicionalmente nos tenía acostumbrados.

Otro buen ejemplo de cómo la balanza de poderes está invirtiendo su peso es el denominado Tea Party, una agrupación político-social racista, de extrema derecha norte-americana. Sus seguidores no son más que miles, a lo sumo, decenas de miles. Pero su peso específico dentro del partido republicano consiguió paralizar durante varios días el gobierno federal de EEUU, al no alcanzar un acuerdo en el Senado sobre la extensión temporal del presupuesto.

Todos estos casos paradigmáticos y muchos otros que podría aportar este analista político y ex ministro de fomento de Venezuela, refuerzan su hipótesis central que afirma que el poder está mudando de manos. Y en ese sentido Naím tiene la certeza que, a diferencia de lo que comúnmente se puede pensar, el poder no se concentra si no que cada vez se fragmenta en más acreedores. Es una tendencia que no excluye el hecho incuestionable de que todavía hay grandes conglomerados que sustentan mucho poder y lobbys de presión, como la industria militar. No pretende hacer proselitismo de sus tesis a fuerza de fe, más al contrario, aporta datos cuantitativos y objetivos.

Durante la última década del siglo pasado en el mundo existían 69 democracias. Hoy en día se contabilizan hasta 118. Eso quiere decir que la mitad de la población mundial ha escogido a sus dirigentes. Podemos estar de acuerdo en que no todas tienen el mismo grado de pureza, pero la tendencia general es que los estados cada vez más se rigen por un sistema político electivo. Pero además, y en línea de la fragmentación del poder, ya no son tan comunes las mayorías absolutas. Siempre de forma generalizada, ya no existen las victorias electorales por márgenes amplios si no que lo que predomina son las coaliciones complicadas para poder llegar a gobernar. A Moisés Naím le viene a la cabeza la última victoria electoral de George W. Bush y el escándalo de las papeletas mariposa. La resolución de un empate técnico con el contrincante demócrata se gestó en despachos judiciales. Los tribunales dieron validez a varios de miles de votos en el estado de Florida, que finalmente dieron al republicano las llaves de la Casa Blanca.

Cada vez hay más politización dentro del poder judicial. Algo que va en consonancia con el neologismo conocido como “vetocracia”. Una tendencia que está claramente en expansión que consiste en que algunos sectores no consiguen amasar el poder total pero sí se reservan el privilegio de poder vetar decisiones gubernamentales, por ejemplo. Poner el veto al ascenso de un candidato al poder, como ya hemos hablado, o el veto a que un corrupto entre en prisión, etc.

El miedo de las potencias militares a las nuevas tecnologías:

Uno de los lobbys que ha tenido que reinventarse a marchas forzadas como consecuencia de los cambios tecnológicos y políticos y sociales ha sido el militar. Los atentados a las torres gemelas del 11-S en Nueva York supuso el fin del paradigma de las guerras asimétricas. Ya no existe la relación enemigo fuerte y enemigo débil. Cada vez más los débiles son más fuertes en una contienda militar. Vamos a los datos. Según se ha calculado, el ataque del 11-S costó cerca de medio millón de dólares a la célula de Al Qaeda que lo perpetró. Como respuesta, a EEUU la invasión primero de Afganistán y posteriormente de Iraq le costó 3,3 trillones de dólares. Eso supone que por cada dólar que los terroristas invirtieron en atentado, los diferentes gobiernos norte-americanos han gastado siete millones de dólares.

Además de que se ha invertido la balanza en el peso de los contrincantes, las grandes potencias militares han visto como cada vez son más vulnerables en cuanto a las armas que quedan fuera de su control. Son los llamados artefactos explosivos improvisados o “bombas caseras” que se pueden adosar fácilmente en los bajos de un carro de combate. Artefactos que se arman en cualquier lugar, por personas no especializadas y con elementos poco tecnificados. Para llegar a comprender el alcance de esta nueva arma ahí están los datos. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las minas terrestres habían causado cerca de un cinco por ciento de las bajas. Durante la invasión de Afganistán, se calcula que el 85% de las bajas de los militares han sido causadas por artefactos explosivos de la insurgencia.

A esta tecnología se suma otra conocida como los “drones”. Se trata de aeronaves, de más o menos tamaño, no tripuladas que son dirigidas desde cuarteles centrales o desde tu propia casa. Porque cualquiera de nosotros puede comprar por Internet un “dron” de pequeñas dimensiones con el que poder sobrevolar la casa de nuestro vecino. Pero esta tecnología que está al alcance de cualquiera resulta ser una de las más transformadoras del siglo XXI para la industria armamentística. A gran escala y de forma “profesional”, los ejércitos de todo el mundo están diseñando drones con gran capacidad para desplazarse miles de kilómetros. También con accesorios necesarios para realizar operaciones de espionaje y lo más temible, para transportar artefactos explosivos que lanzar sobre un objetivo.

Pero igual que un ejército profesional puede aunar drones y bombas, grupos terroristas mucho más pequeños pueden usar esas dos nuevas armas, de forma “casera” para efectuar grandes estragos en guerras de guerrillas. Lo que temen las grandes potencias militares es precisamente que estas dos nuevas tecnologías capaces de transformar los conflictos, no están bajo el dominio de ningún gobierno.

Fragmentación e inestabilidad del poder empresarial:

La idea que el poder se concentra está ampliamente arraigada, sobretodo en el campo de los negocios. Pero Moisés Naím insiste en que la tendencia es la contraria. Nuevamente aporta datos basados en estudios como el que afirma que en la última década del siglo pasado las empresas que a final del año obtenían un crecimiento del 20%, cinco años más tardes seguían creciendo al mismo ritmo o, incluso, más rápido. Hoy en día esto ya no es posible. La situación de las empresas es mucho más inestable. Como también lo es el mantenimiento en poltrona de los jefes ejecutivos de esos grades conglomerados empresariales. Un estudio hecho sobre las 2500 mayores empresas en el ámbito internacional revela que cada vez es menor el tiempo en que los altos ejecutivos sustenta su poder.

La religión católica está en regresión:


Moisés Naím cree sintomático el comportamiento de los fieles católicos de Brasil como modelo de tendencia, a nivel mundial, en cuanto a la regresión que está padeciendo la religión cristiana. La sociedad brasileña, una de las más pujantes y emergentes del planeta pierde cada año 500.000 creyentes. Para muestra un dato contundente, en 1970 el 90% de la población era católica. En 1996 esa cifra se había reducido hasta el 65%. Dice Naím que los que abandonan el catolicismo en Brasil lo hacen para abrazar otro tipo de religión como la de Pentecostés. Curiosamente dice, se asemeja más a Instagram por aquello de que los seguidores se sienten más cerca de sus líderes espirituales. Otro dato alarmante para el Vaticano son las cifras que hacen referencia al resto del subcontinente latinoamericano. Se calcula que por allá el 2025 tan sólo la mitad de los latinoamericanos serán católicos.

Indignados y ONGs, versus Política:

Movimientos sociales espontáneos que surgieron del malestar de la ciudadanía como el de los Indignados del 15-M en Madrid, o el de Occupy Wall Street en Nueva York, son un reflejo de cómo la política actual no encuentra respuesta a las necesidades de la población. Aunque a pesar de las sinergias que se consiguieron Moisés Naím se lamenta de que resultó mucha energía difícilmente encauzable hacia algo fáctico. No pudo engancharse al tren motor que pudiera provocar cambios en el poder.

Redes sociales (RRSS) como Facebook o Twitter han jugado un papel determinante en la comunicación y organización de los diferentes actos de estas iniciativas sociales. Se han convertido en un verdadero altavoz y red de comunicaciones fuera del control para muchos gobiernos. Aún así las RRSS se convierten en algunos cosas un arma de doble filo. Si bien es cierto que en algunos conflictos armados, como el ya mencionado caso de Siria, hemos visto como los servicios de inteligencia las han utilizado para identificar insurgentes y ejercer represalias.

La caída del muro de Berlín marca el fin de la Guerra Fría pero también representa el punto de inflexión por el cuál los partidos políticos dejan de ser funcionales para la defensa de los intereses de los ciudadanos. Cree el conferenciante que a los políticos no les importa destruir la “categoría” de político/a. El autor toma la categoría como sustancia de algo, en esta ocasión, de ciudadanos que ejercen la política. Quiere decir Naím que la principal estrategia que utilizan nuestros dirigentes hoy en día es la deslegitimación del adversario. Y si para ello han de desprestigiarlo utilizando todo tipo de argumentos como que el otro es corrupto, mentiroso, de poco fiar, etc.; lo hacen sin el menor miramiento. En lugar de aportar ideas o proyectos nuevos de cómo gobernar, los políticos de hoy en día se dedican a desprestigiar su propia condición, como primer arma arrojadiza hacia sus adversarios. Y no se dan cuenta que de esta manera cada vez más están perdiendo la capacidad para atraer a los idealistas, mayoritariamente jóvenes que quieren cambiar el mundo.

Los partidos han dejado de ser atractivos y su papel lo están llevando a cabo otro tipo de instituciones que, a la vista de la ciudadanía, son mucho más honestas. Se trata de las ONGs. Organizaciones desvinculadas de gobiernos y otros centros de poder que habitualmente se especializan en una cuestión. Por ejemplo: erradicar la pobreza en África, luchar contra el maltrato animal, ayudar a nuestros mayores, etc. El hecho de que se especialicen en tan sólo un campo, por muy amplio que sea, les otorga de forma inmediata de una de las características de que adolece la política: credibilidad. Los políticos, sobretodo los que gobiernan tienen que saber de todo, dar su opinión sobre todos los temas, dar respuesta a todas las polémicas. Eso juega en su contra, ya que no todas sus opiniones serán del gusto de los ciudadanos, ni todas sus decisiones serán acogidas con el mismo apoyo social. Sin contar con el descrédito que inevitablemente siempre deja un halo de sospecha sobre si las decisiones políticas responden a algún tipo de interés de los mismos políticos. En cambio, el que se apunta a una ONGs está en plena sintonía con sus dirigentes, o con la forma de operar de la organización. Porque, entre otras cosas, este ciudadano sabe que en el momento en el que no se encuentre a gusto, podrá dejar de ser socio. Y en cambio, con nuestros dirigentes sabemos que debemos “soportarlos” por el resto de la legislatura.

Las tres revoluciones que explican el cambio de manos del poder:

Moisés Naím apunta la existencia de tres tipos de revoluciones que estamos experimentando la población mundial, por las que el poder empieza a mudar de manos. La primera es la que el ha bautizado como la revolución del “Más”. Nos encontramos en un mundo caracterizado por la abundancia. Hay más productos de consumo a la venta. La población mundial es más joven, de media. Por primera vez, en 2007 pasamos a vivir más personas en grandes ciudades y no el zonas rurales. Estas cifras desorbitantes pueden llegar a abrumar a los diferentes gobiernos que han sido designados para administrarnos. Pueden llegar a sentirse poco capaces para controlar a su propia población. Parece razonable pensar que cuanto más tienes que organizar, más te va a costar. Moisés Naím llega a decir que es más fácil matar a 100 millones de personas que controlar los movimientos de esos 100 millones de ciudadanos.

La segunda de las revoluciones es la tiene por nombre “Movilidad”. Desde la máquina de vapor y la primera locomotora a carbón, los medios de transporte por vía terrestre, marítima o aérea no han parado de estrechar nuestro viejo planeta. Los ciudadanos cada vez viajamos más, hacemos más turismo. También es mucho más común ahora que hace 50 o 100 años establecerse a miles de quilómetros del lugar de nacimiento. El hecho que los ciudadanos, o gran parte de las personas que vivimos en este planeta podamos movernos de manera fácil y relativamente barata, también desconcierta a nuestros gobernantes. Siempre será mucho más complicado controlar a compatriotas fuera de nuestras fronteras que dentro.

La tercera de las revoluciones es la denominada de “Mentalidad”. Estamos inmersos en un profundo cambio de valores a nivel planetario. Está cambiando nuestra forma de pensar. Ya lo hemos visto en cuanto al retroceso de la religión. Pero también se detectan otros indicadores que hacen pensar en que cada vez más rompemos con las tradiciones. Por ejemplo, en India ha aumentado de forma exponencial la tasa de divorcios de la tercera edad. Son procesos de separación iniciados por mujeres principalmente. Ellas están mucho mejor informadas y deciden dejar de aguantar situaciones que les son adversas dentro de su propio matrimonio.

En fin, estás tres revoluciones se han erigido como escudos útiles ante el control de los poderosos. Los cambios en general son positivos, según la opinión de Moisés Naím. Los nuevos activistas ahora tienen la posibilidad de asistir a la mesa de toma de decisiones. Y aunque quizá no tengan el poder suficiente para cambiar las cosas, al menos pueden ejercer presión simplemente participando. Los pobres pueden más, tienen más capacidad de hacer ruido ante las puertas de los dirigentes. Los diferentes tienen más opciones. Los gobiernos no logran, a su vez, tomar decisiones porque coexisten con las vetocracias de las que ya hemos hablado. Es cierto pues, que hay más permeabilidad para acceder al poder. Aunque eso debe alertarnos también que las puertas están abiertas para personas peligrosas. Estoy pensando en dirigentes populistas, autoritarios, extremistas, etc.

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